Carlos Monsiváis, In memoriam

23 Jun

Recuerdo de Monsiváis en Oaxaca

Por Francisco José Ruiz Cervantes


Carlos Monsiváis (1938-2010) no está más con nosotros. Su ausencia se sentirá más a medida que pase el tiempo. Aún recuerdo la recomendación que me hizo, en una carta escrita hace 40 años, René Bustamante Villanueva, amigo de la adolescencia, avecindado entonces en la ciudad de México, urgiéndome a que leyera sin dilación Días de guardar, el primer libro de Monsiváis, y La Noche de Tlatelolco de Elena Poniatowska. A partir de entonces, me convertí a la secta de los monsivaítas, leyendo de manera puntual todo lo que de su pluma saliera, así fueran los ácidos textos en “Por mi madre bohemios” donde glosaba frases salidas de nuestra clase política y nuestros caudillos televisivos, sus colaboraciones célebres en La Garrapata o la serie de sus famosos libros de crónica.

José Emilio Pacheco, Sergio Pitol y Carlos Monsiváis (inicios de los 60)

En los años ochenta, como colaborador del semanario Hora Cero, conocí al escritor, solidario con las movilizaciones que demandaban autonomía municipal en la región istmeña. Más tarde y gracias a Víctor de la Cruz, lo entrevistamos para nuestro malogrado Meridiano 100. En los siguientes años, de tiempo en tiempo acompañé a muchos oaxaqueños a escucharlo en conferencias en el teatro Alcalá y en esta década compartí con él y con Rius, tribuna en el Museo de la Filatelia a propósito de la presentación de alguno de los muchos libros del caricaturista michoacano.

Pacheco, Pitol y Monsiváis, última foto juntos (2009)

Recuerdo que mientras leía mis cuartillas, de reojo veía a Carlos escribir velozmente en una pequeña libreta escribía para después exponer un texto que evidentemente no estaba en las contadas páginas de su libreta y las frases salían certeras, irónicas, agudas, como si estuviera leyendo alguno de sus libros, sin inmutarse, impasible y sereno como el Juárez de la poesía escolar, cual Buster Keaton de la Portales, mientras el público se doblaba de risa. Sus piezas oratorias eran un verdadero elogio de la inteligencia como lo confirmé y disfruté al acompañarlo en las charlas que dio en la UABJO a propósito del bicentenario del benemérito oaxaqueño., en 2006 Al final, luego de la pasarela, la bonhomía y cierta timidez lo invadían. Ahora que su desaparición me abruma dejo en su honor este testimonio.

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