RESEÑAS

Lo nuevo en el MTO:  Sarape, Kilim y  Röllakan, tejidos de tapicería a través del mundo

Es un gusto compartir,  una pequeña muestra de la nueva exposición del Museo Textil de Oaxaca “Sarape, Kilim y  Röllakan: Tejidos de tapicería a través del mundo”.  la exhibición consta de 20 piezas de tapicería distanciadas temporal, geográfica y ecológicamente pero vinculadas a través de la técnica y el lenguaje.

Las piezas provienen de Asia, Europa, África, Sudamérica, Guatemala, México y el suroeste de Estados Unidos.

La muestra estará en exhibición hasta el 22 de mayo.

 

 

Calle Alcalá, símbolo de descomposición social

Mientras Sofía caminaba un sábado por la noche sobre la calle de Alcalá, dispuesta a disfrutar de un rato de esparcimiento,  no pudo evitar escuchar a un par de turistas nacionales qué presas de la admiración exclamaban en tono irónico “mira, esta es la calle más bonita de Oaxaca”. La frase resonó en la cabeza de Sofía, como un golpe de martillo que intenta demoler la imagen grotesca de un camino nublado.

Y es que el panorama circundante es desolador. Alcalá está saturada de basura auditiva por todas sus esquinas, los bares que ahora son parte de la escenografía nocturna de el andador ejecutan una demoledora danza sonora dentro de edificios históricos, actividad que supuestamente debe estar regulada,  el ruido es tal que la calle es invadida frenéticamente por los decibeles que, desde que el sol estira sus últimos rayos, asesinan la calma que antaño reinaba.

Los peatones ya no están seguros al caminar,  la calle, remodelada en la década de los 80 y controvertida en sus inicios, por estar destinada al paso de peatones,  es ahora un estacionamiento turístico, al grado de pitar el claxon a los peatones para que se quiten, pues, naturalmente, estorban.  No faltan tampoco los taxis que atraviesan como pista de carreras la cubierta de cantera que hoy exhibe sus facciones desgastadas.

Además, para hacer de esta calle el espectáculo de la ocasión, los fines de semana es común ver a sus alrededores zafarranchos entre jóvenes alcoholizados que, a veces, reduplican el paisaje en la fina superficie del filo de sus navajas.
Urge la recuperación de la vialidad más bonita de nuestra ciudad, la apatía de las autoridades ante el fenómeno resulta exasperante para quienes luchan para que Oaxaca sea un mejor lugar de convivencia.

Cierto es que la cultura cambia, se modifica, no es estática, pero cuándo sus estructuras se contaminan de un cáncer que apunta hacía la destrucción de la convivencia, reflejado en el uso de los espacios públicos, vale la pena ver al horizonte y notar  que en los sucesos cotidianos se ven, furtivos, los síntomas de la degradación de las estructuras sobre las que se erige la cultura; el caos que imperan en la calle más importante de la ciudad, desenmascara no  la falta de interés por parte de las autoridades y de la sociedad civil por generar un espacio de convivencia real,  sino el estado de descomposición sociocultural del estado.

Después de todo, una regla que se pasa por alto una vez, se convierte en un germen de degradación que ha de expandirse gradualmente en el espacio y, claro, en el tiempo. Por lo pronto, sólo nos queda resignarnos y exclamar ¡Bienvenidos al andador turístico, el show de medianoche está por comenzar!

Óscar Tanat

MÚSICA


El Metropolitan Opera de Nueva York en Oaxaca

En Nueva York se encuentra uno de los principales teatros de ópera del mundo, The Metropolitan Opera (Met). Desde hace cinco años, el teatro fundado en 1883, produce una serie en alta definición con lo mejor de sus temporadas anuales: The MET: live in HD (El Met, en vivo, en alta definición). La quinta entrega reunirá 12 obras de la temporada 2010-11, que serán transmitidas en vivo, en más de 50 países. Oaxaca será la décima ciudad en el país con este programa y el teatro Alcalá la sede. Con el apoyo de la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca y la Secretaría de Cultura, la primer función será el 9 de octubre y hasta el 14 de mayo de 2011. El programa plantea reunir al público que gusta de la ópera y crear nuevas audiencias. Celebramos este acontecimiento.

 

La ópera en el siglo XX y la temporada 2010 del Met de Nueva York en Oaxaca

La ópera fue creada como forma artística oficialmente en 1607 con L’orfeo de Monteverdi, en la Camerata de Florencia. Desde entonces prosperó y se hizo popular ya en el siglo XIX, sobre todo en Italia y en Alemania. Era un género que gustaba a todos los niveles sociales. Sus actores y compositores eran lo que hoy llamaríamos estrellas, como El Buki, Vicente Fernández, Elton John o Los Beatles.

El siglo XX trajo algo que presagiaba la desaparición de la ópera. Los compositores trabajaban para complacer a los entendidos. Lo que hacían no gustaba. Se convirtió en un diálogo de músicos con otros músicos y el público fue dejado de lado. Y reaccionó alejándose de los teatros de ópera con justicia.

Los amantes de la ópera debían hacer algo por atraer a los jóvenes y a los no iniciados, que eran la mayoría. La tecnología nos abría puertas. En Canadá, por los años ochenta, se pusieron traducciones proyectadas arriba del escenario mediante transparencias, pero era difícil y presentaba, además, varios problemas.

Más tarde aparece la computadora y se llega a captar en ella los diálogos y surgen los proyectores que enlazados con la compu transmitían los super títulos. Era muy caro al inicio pero hoy es tan barato que muchas presentaciones se hacen con el equipo que cabe en un portafolio ordinario.

Ya está probado que los super títulos llevaron a la ópera a muchísimos nuevos públicos, muchos de ellos jóvenes. Hoy están en todos lados. Las posibilidades tecnológicas permitieron que Peter Gelb, nuevo director general del Metropolitan Opera de Nueva York, lanzara lo que a nuestro juicio es el gran avance del siglo XXI en el mundo de la ópera: la presentación en vivo del funciones de ópera desde el Met de Nueva York hasta ciudades de todo el mundo.

A la Ciudad de México llegó en el gran recinto que es el Auditorio Nacional con una calidad y confiabilidad notabilísimas para una transmisión tan complicada. En Australia se desvelan hasta la media noche para ver lo que sucede en ese momento en el Met. En Italia lo ven en el cómodo horario de sus óperas en vivo: a las ocho de la noche. En Estados Unidos se pasa en cientos de salas de cine con el equipo de Alta Definición (HD, por sus siglas en inglés).

En México, además de contar con la sala donde más personas en el mundo ven el HD Met Opera, hoy se cuentan diez ciudades que presentarán la temporada completa, que comienza con la función de El Oro del Rin de Wagner, en una producción espectacular diseñada por el Cirque de Soleil. Creo que hasta los que se aburren con Wagner la van a gozar  –y pudieran hacerse wagnerófilos, que es una enfermedad.

Oaxaca es la décima de las ciudades que los sábados al medio día asistirá desde lejos a la función del Met con las luces apagadas y en un ambiente idóneo. Nada tiene que ver con poner una ópera en DVD en la casa. En un teatro te concentras necesariamente y no permites distracciones. Dan ganas de aplaudir aunque no nos escuchen en el otro extremo.

–Xavier A. Torresarpi


+ info: teatromacedonioalcala.org & metoperafamily.org
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Arcade Fire o la vida sucede


 

No deja de entusismar la trayectoria de Arcade Fire, breve pero imparable. Hace seis años aparecieron para beneficio del rock contemporáneo. Funeral (2004) fue la introducción a su música de comunión. De él no destaco una pieza en especial, si bien cada una es notable, brillan en conjunto.  Disco potente, ofrece diez canciones que edifican un luminoso responso del reconocimiento de la muerte. Nos habla que la muerte es inrínseca a la vida, nos define y todo lo determina.  Junto con Coral Bracho, nos recuerdan: la muerte tiene en el torneado corazón/ de la vida/ encajados sus vértices/ y con ellos inicia y en ellos despliega esta espesura: la vida que sucede.

Agrupación que semeja más un grupo de cámara que uno de rock convencional, además de la batería, guitarra y bajo eléctricos, incluyen instrumentos tales como piano, violín, viola, chelo, contrabajo, xilófono, glockenspiel, teclados, corno, acordeón, arpa, mandolina… Aunque los también canadienses Godspeed You!, Black Emperor y Thee Silver Mt. Zion inovaron al respecto, Arcade Fire, logró incrustarse en el gusto comercial.

Después de Funeral, uno de los mejores discos de la década en cualquier género, vino  Neon Bible (2007), el siguiente escalón en su exploración musical. Ambicioso técnicamente, sin alcanzar las cotas del precedente es un paso adelante. Lo caracteriza una mayor presencia coral y orquestal, es una oda a la vacuidad espiritual, con cierto tono mesiánico a la vez que desencantado. Posee canciones memorables como Black Mirror, Intervention, No Cars Go,  (Antichrist Television Blues).

Una madrugada de agosto escuché The Suburbs, el nuevo álbum de Arcade Fire. Si la primera vez fue casi decepcionante –aunque ya no recuerdo bien por qué–, a partir de la tercera oída fue creciendo y valoré su complejidad y redondez. Desde entonces, repito el placer de reproducirlo reiteradamente.  Irónicas, lúdicas, las 16 canciones de esta grabación conforman un rompecabezas poliédrico que nos habla de la infancia, el ser y la memoria desde un acusado sentimiento de orfandad.  Resalto The Modern Man,  Empty Room, City With No Children, Wasted Hours, We Used To Wait, Sprawl II. Aquí  hallamos igual energía derramada pero más reflexión e introspección, dosis equilibradas de nostalgia y escepticismo.  “I feel like I’ve been living in/ a city with no children in it/ a garden left for ruin by a billonaire inside of a private prison…” canta Win Butler sobre los sueños perdidos de una clase media urbana, de los suburbios de Estados Unidos, pero que con sus distancias se pueden extrapolar a los de cualquier esquina del mundo.

The Suburbs es una obra sobre el tiempo al que nunca se puede volver por más que se cante de él, se le escriba un disco o un libro. En ello radica lo conmovedor de su gesto, su fuerza. Otra vez, Arcade Fire demuestra que la música pop puede seguir sorprendiendo.

–Juan Pablo Ruiz Núñez

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Juan de Dios y su ritmo alegre



¿Qué tocan hoy en día los músicos de los pueblos originarios?, ¿seguirán los románticos cuadros del indio de blanco con la flauta y el tambor? Juan de Dios Tenorio y sus producciones fonográficas son muestra de que en México todo ha cambiado, al menos en cuanto a la música indígena. Juan de Dios, joven compositor y ejecutante, es parte de una familia emblemática de músicos y lauderos mixtecos de Coicoyán de las Flores, Oaxaca. Sin embargo, a Juan no le interesan los violines ni las jaranas, él vuelca en este disco su creatividad como músico a partir del teclado. Compositores que con la programación en sintetizadores de ritmos nativos como la chilena, han dado un vuelco a la música de la región, llena de influencias nuevas, fenómenos de las migraciones musicales en México.

En los setenta, los sonideros del Peñón de los Baños y Tepito, en el D.F., se encargaron de importar la música que hoy está en todo México: la cumbia. El saludo sonidero que Juan de Dios reproduce es un elemento animador para el familiar, el amigo, el paisano; puro saludo sonidero entre compás y compás, así como el bajo totalmente influido de la cumbia, pero ahora incrustado en la chilena del pueblo. Vestido de cholo, como dice él, su disco contiene en su mayoría chilenas cantadas en lengua mixteca.

Enamorado de ti es parte de la nueva economía de la música indígena de la Mixteca Baja, la que un tiempo se estableció con violines y jaranas en los santuarios, ahora retoma los espacios sagrados para la comercialización de la nueva música, la de los tecladistas. En este disco se puede escuchar esa estética de la música de la fiesta, de los quince años, con ritmos mixtecos. Juan de Dios y su ritmo alegre, con sus chilenas, saludos sonideros e influencia de la cumbia, muestra que la música indígena, que se pensaba inmóvil y estática, se movió y bastante. El movimiento mixtechno es muestra de cambios y necesidades, economías de la música que emergen y se consolidan haciéndose localmente funcionales, pero eso sí, totalmente cimentadas en las viejas dinámicas musicales, sagradas y comerciales de su propia cultura, pues sus orquestaciones siguen siendo la distribución de las voces de los viejos instrumentos de la orquesta, pero ahora en la síntesis digital del teclado de la Montaña. <

Rubén Luengas

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Una a mi salud


No sólo compone, toca arpa y piano con maestría, Joanna Newsom tiene una de las voces más singulares de la música estadounidense; a sus veintiocho años, es además productora y arreglista de sus discos. Era extraño que, con mujer tan trabajadora, en cuatro años no hubiera publicado otro disco. Pero nadie esperaba lo que venía: un álbum integrado por tres discos, una de las producciones musicales más complejas de los últimos años, con veinticuatro músicos en actuación y más de dos horas de material inagotable.

Las composiciones de Have One On Me continúan en el estilo de Newsom, ahondando en sus influencias barrocas y avant-garde, pendulando entre el american folk y el bluegrass, pero esta vez con más experimentaciones jazzísticas y bluseras, integrando varios instrumentos como el kemence. Por su parte, las letras advierten un florecimiento narrativo de la artista, pues algunas de sus nuevas canciones nos relatan historias con personajes y diálogos. Se conforma así, un álbum con una intención mucho más compleja y reflexiva que los dos anteriores: el revelador  Milk Eyed Mender (2004) y el más meditativo Ys (2006), alejándose de los estándares de la música comercial, de  “lo que la gente quiere escuchar”.

La alternancia entre los ánimos del disco (o discos) es impecable, logra equilibrar temas de escucha ardua, como la canción homónima al álbum, con otras como Good Intentions Paving Company o Soft As Chalk más asibles. Have One On Me es una obra de complexión ambiciosa con la que Newsom se confirma como una de las joyas de la música pop de vanguardia. <

Ana Paula Santana

 

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Jasmine, de Keith Jarrett y Charlie Haden


Keith Jarrett es considerado uno de los músicos e improvisadores más importantes del siglo XX. En su obra podemos encontrar la revisión constante al songbook estadounidense con su llamado Standards Trio. Sus interminables soliloquios con el piano han dado discos históricos como The Köln Concert, y su acercamiento a la música de Bach y Händel.

Durante los años 70, el pianista nativo de Pennsylvania mantuvo un par de cuartetos que desarrollaban un jazz claramente diferenciado. En Europa Jarrett produjo una música de espacios abiertos con especial énfasis en la melodía al lado de los escandinavos Jan Garbarek en el saxofón, Palle Danielsson en el contrabajo y Jon Christensen en la batería. En contraposición a esto, codirigió su cuarteto americano con el contrabajista Charlie Haden, el saxofonista Dewey Redman y el baterista Paul Motian; y con ellos realizó una obra llena de fuego, muy enérgica, casi funk, libre y abrasiva.

En octubre de 1976 Jarrett y Haden se reunieron por última vez para grabar. Después el American Quartet se disolvió. El contrabajista lideró diversos proyectos entre los que destacó la Liberation Music Orchestra, un grupo de músicos y activistas que comprometían su arte con las causas sociales en boga. 30 años después, pianista y contrabajista vuelven a juntarse, y durante 4 días de marzo de 2007 graban, en el estudio casero de Keith Jarrett, una serie de standards y canciones de amor. En las notas del disco puede leerse: “Esta es una música espontánea hecha sobre la marcha… Hay aquí grandes canciones interpretadas por un par de ejecutantes que están tratando, en lo posible, de mantener intacto su mensaje.”

El álbum es un viaje fascinante por la esencia de la melodía. Más allá del espíritu aventurero de ambos creadores, el protagonismo es cedido al corazón de cada pieza. El resultado es una música madura y sosegada; una verdadera lección de humildad firmada por dos leyendas de la música contemporánea que ya tienen un lugar en la historia del jazz. Lo recomiendo no sólo a los fans del jazz y de estos músicos, sino a todos aquellos que apenas se adentran a descubrir nuevas sonoridades. Este disco es una puerta de entrada inmejorable. <

Oscar Javier Martínez

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Sudáfrica a capella


 

Cuando escucho Ladysmith Black Mambazo no dejo de imaginar a estos sudafricanos reunidos en circulo viéndose unos a otros, inhalando fuerte para después soltar una voz que proviene de la negrura más honda de sus diafragmas. Y los imagino sonriendo, sabedores de que jamás podrán robar sus instrumentos.

Los cantos  tradicionales (Isicathamiya) de la región Zulú de Sudáfrica han sufrido la avasallante enfermedad de la globalización. Desde hace varios años los seguidores de la llamada World Music pusieron su atención en Joseph Shabalala y colegas. Fundado en 1960, Ladysmith Black Mambazo es un grupo coral masculino que ha tenido más de 30 miembros durante su trayectoria. Entre sus múltiples participaciones, destaca el haber sido declarados “los embajadores culturales” del país, en 1993, luego de la abolición del Apartheid y de que el recién liberado Nelson Mandela se convirtiera en presidente.

Long Walk To Freedom es el disco que celebra 45 años de trayectoria del grupo y cuenta con colaboraciones de músicos como Zap Mama, Sarah McLachlan y Emmylou Harris. Con una amalgama de influencias musicales como swing, blues y hasta rock, la obra mantiene el discurso político que procede del Isicathamiya, expuesto principalmente en la canción homónima al título del disco que canta “Felicitaciones Sudáfrica, al fin lograste la elección democrática / Largo trayecto a la libertad”.

En estas trece canciones también se le canta al amor, a la lluvia y a lo divino. Compuestas en su mayoría de voces a capella, chasqueos y sonidos guturales, cuenta con moderadas intervenciones de guitarra eléctrica e instrumentos de percusión. Es una incursión por las arborescencias de la voz humana, un recorrido por todas sus posibilidades en el fraseo, el timbre y la tonalidad. Un gozo escuchar estas voces en comunión. <

Ana Paula Santana

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Helmut Lachenmann,  una aventura estética


 

Siento que faltaría a la verdad si iniciara este texto diciendo que la música de Helmut Lachenmann es, sustancialmente, hermosa. Tampoco me parece interesante ni pertinente hacer en un texto tan corto un intento por expresar razones por las cuales encuentro la música de Lachenmann tan cargada de belleza.

Existen un sinnúmero de razones estructurales para explicar el fenómeno de este compositor, quien ha sido el centro del debate musical por cerca de cuatro décadas, y hasta nuestros días nos sigue ofreciendo muestras de su gran eficacia artística. Sin embargo al encontrarnos con su trabajo, tan sólo por lo que escuchamos y sin muchas preguntas, nos queda clara su complejidad, calidad y esa densidad sonora que contiene una fuerte carga emocional.

Lachenmann nació en Stuttgart en 1935, en el seno de una familia protestante. Tuvo contacto con la música religiosa a muy temprana edad en el coro de su iglesia especializado en la música de Orlando di Lasso y otros compositores previos a Bach. Dentro de sus maestros podemos encontrar a Johann Nepomuk David y Jürgen Uhde. No obstante, quien se puede considerar su mentor es Luigi Nono, a quien conoció en 1957, en los cursos de verano de Darmstadt. Encuentros posteriores con compositores como Kontarsky, Henri Pousseur, Fredric Rzewski y el mismo Stockhausen, determinaron en gran medida su formación.

Como musique concrète instrumentale o música concreta instrumental, así ha definido el compositor su trabajo, ya que todos los sonidos y ruidos posibles en los instrumentos se convierten en material central de una obra. Sin embargo, la música de Lachenmann muestra un profundo compromiso con la música del pasado y todo lo que conocemos como música clásica, llevando su obra por caminos instrumentales no ortodoxos, creando así su muy particular dramaturgia musical. <

Mauricio Valdés San Emeterio

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No disponible en tiendas de discos

Si eres de los que les gusta estar enterado de las emergencias musicales en México, entonces has de visitar con frecuencia el servidor que actualmente sirve como difusor de la mayoría de la escena nacional: el Myspace. Por esta razón me atrevo a presentar los siguientes proyectos encabezándolos con la dirección de su:

Myspace.com/jhuancirerol Juan Cirerol, Mexicali, Baja California — No es ningún secreto que este hombre se la pasa hasta las chanclas, y hasta he pensado que sobrio no podría cantar como lo hace. Pero a un buen músico no se le juzga por que tome o deje de tomar, sobre todo si tiene la destreza como la de Cirerol para tocar la guitarra, cantar, mofarse del público, mantener su cerveza erguida y poner a bailar a cualquiera. De primera impresión la música de Juan Cirerol suena a corrido y a banda, poco después intuyes la influencia del country, tal vez Johnny Cash; luego sospechas que ese hombre lo único que lee es Bukowsky, pero para ese momento ya estás moviendo el pie, metido en las historias que relata Cirerol con la sangre de un poeta marginal y el descaro de un cantante de narcocorrido.

 

 

Myspace.com/pumcayo, Guadalajara, Jalisco — Pumcayó es una banda de formación reciente que se autonombra por la onomatopeya Pum, se cayó. Los cinco integrantes logran un rock tribal de progresión pantanosa, con notoria influencia de bandas como Espers o Devendra Banhart. La propuesta es sin duda deleitable en las grabaciones disponibles en el sitio, sin embargo, en las actuaciones en vivo Pumcayó no ha logrado provocar el ambiente místico que propone, aunque seguramente podremos presenciarlo en muy poco tiempo, así como el primer álbum de esta nueva banda tapatía.

Myspace.com/mishamarks, Misha Marks, Ciudad de México — Misha es de Nueva Zelanda pero radica en la capital desde hace varios años. Integrante de proyectos como Generación Espontánea, colectivo experimental, o del trío de tendencia balcánicaCarlos Marks; a la par Misha trabaja como solista experimentando con guitarra, acordeón, percusiones y sonidos orgánicos. En vivo transmite su pasión musical y por ello se convierte en uno de los artistas que habrá que seguirle la pista en cualquiera de sus actos. <

Ana Paula Santana


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LITERATURA

El fantasma de Salinger


¿Acaso entre las líneas de El guardián entre el centeno se encuentra el germen que inspira cualquier asesinato, según Mark David Chapman? ¿Debe tomarse eso como un elogio o una crítica? ¿Es sólo una lectura posible? Todo lo que rodea a J.D. Salinger (1919-2010) y su obra son preguntas. Todo lo que pudo decirnos su autor, antes de optar por el silencio, se halla en unas cuantas páginas trabajadas, aseguran, para un público preciso, la clase media ilustrada, lectora ávida de una revista a modo: The New Yorker.

“Ha muerto el escritor fantasma”. Eso debió decir la prensa de un autor del que poco se sabía y quizá poco se debía saber. Siempre será mejor, supongo, su leyenda, el mito de perderse lejos del lamentable espectáculo de la farándula literaria y dejar su literatura en el centro del escenario para que hable sola y se imponga entre los lectores.

La obra asesina, la que es necesario ponderar, El guardián entre el centeno (The Catcher in the Rye), no es una novela de formación, es una novela del miedo, la soledad y la derrota. No es poco. Quizá por ello, como se ha exaltado, una masa de lectores se apropia del texto y de la sistemática repulsión de su personaje por el mundo y su situación contradictoria, un adolescente extraviado en su propia vida, renuente a todo, menos a la literatura. Las pequeñas cosas del mundo le atraen pero desprecia la estructura, el juego que él también ayuda a perpetuar. Porque los personajes de Salinger, siempre excepcionales, se hallan en conflicto eterno con lo inmediato, les desagrada su comodidad y el camino trazado e impuesto por otros. Sin embargo, la mayoría continúa y se instala, confirmando que no hay remedio, la condena es irreversible.

Más preguntas. ¿De allí viene Chapman, acaso el mejor lector de su obra, el que entiende el mensaje cifrado y lo lleva a la práctica?

La aparente sencillez de los textos de Salinger es casi un magisterio. Podemos apreciar su mano detrás de los relatos. Sus personajes están casi vivos, se materializan a través de su propio lenguaje. Porque también a su modo, como Hemingway, fue especialista en el diálogo, lo impone como la manera más efectiva de construir una personalidad en tres dimensiones.

Se aprende a escribir ocultando y ocultándose, se ha dicho. El ejemplo de lo anterior cunde en sus relatos y en su propia vida, un relato más que quizá vanamente pretendía concluir con su muerte. Es difícil que termine aún. Todo lo contrario. El autor que aspiraba a desaparecer y cuyas novelas inspiraban la muerte se ha reunido con los suyos, ha completado el círculo, ha vuelto a la literatura.

–Alejandro Arteaga

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Tedi López Mills, Muerte en la rúa Augusta

El día 12 de febrero, se presentó en el IAGO el libro más reciente de la escritora Tedi López Mills (Ciudad de México, 1959), Muerte en la rúa Augusta, publicado por la Editorial Almadía y recientemente galardonado con el Premio Xavier Villaurrutia de escritores para escritores 2009.

Para entrar en la médula de este poemario, hay que dar cuenta de algunas consideraciones. Por ejemplo, de la sexta y última conferencia que el escritor Italo Calvino redactó para la cátedra Charles Eliot Norton Poetry Lectures en 1984, sólo nos queda el bosquejo preliminar de su ensayo. El tema, “el arte de empezar y el arte de terminar”. En una parte del texto, Calvino escribe que “el principio es también la entrada en un mundo completamente distinto: un mundo verbal”. Tedi López Mills nos propone este íncipit en Muerte en la rúa Augusta: Sobre el cadáver del llamado Señor Gordon/ (junto a una alberca, bajo un árbol)/ se halló un trozo de papel donde alguien,/ quizá hasta el propio Gordon,/ había garabateado las palabras:/ “Anónimo dijo: esto ni se lee ni se entiende”.

Antes de que el texto comience, estamos en el mundo que no está escrito, andamos cándidamente caminando por nuestra calle, en la casa, desayunando; pero cuando el comienzo del texto irrumpe en lo cotidiano, ocurre un movimiento tectónico que abre una grieta donde se vislumbran los otros mundos. De éstas incontables posibilidades que tiene el lector en el umbral del texto, sólo las que son verosímiles pueden cautivarnos, que no son las verdaderas, sino las que son posibles en el otro mundo que vislumbramos.

La clave narrativa en la que se pauta el ritmo de este libro, provoca que los versos operen de manera hipnótica, su golpeteo en nuestro oído los transforma en un cedazo que nos jala poco a poco por los corredores y las galerías de un laberinto. Sin embargo, éste no nos promete la misma certeza que el de Ariadna, en el de López Mills no sabemos si salimos o nos vamos internamos todavía más.

En esta imagen del laberinto me gustaría detenerme y quisiera compartir otra de las conexiones que tuve. En algún momento encontré una revista que publicaba el instructivo para realizar una flor con la técnica de origami. Al final resulta que éste era un tipo de problema matemático que tenía múltiples configuraciones diferentes y la revista invitaba a encontrar más. En el siguiente número se publicó la carta de una lectora preocupada porque su marido se había vuelto un obseso tratando de encontrar las nuevas formas de la flor, hasta que una noche escuchó un grito que decía: ¡lo encontré! La mujer salió disparada de la recámara y al llegar a la sala sólo encontró la flor con la punta del pijama del esposo en su interior, pero rotó los pliegues de manera equivocada y nunca más lo volvió a ver. En la carta pedía información para poder encontrar a su esposo. No me sorprendería que a las oficinas de la editorial Almadía llegaran algunas cartas de este tipo por culpa de la escritora que hoy tenemos presente.

El laberinto de papel que es un libro, cualquier libro, sólo se despierta en la medida que el autor despliega en él sus dotes seductivas. Como en el caso de Muerte en la rúa Augusta, uno es atragantado por el libro, sigue a sus personajes en el triángulo amoroso, en los móviles del presunto crimen, en las apariciones de Anónimo. En fin, encontramos vestigios de una aventura que nunca se despliega en un paisaje completo, pero que intuimos de la misma manera en que prevemos los próximos pasillos mientras resolvemos un laberinto. Aventuramos esbozos, concluimos retratos, tachamos listados y de golpe, abrimos los ojos y estamos en una oficina, doblando un papelito, intentando la figura de un coyote, cuidando de que no nos vaya a arrancar el brazo.

Efraín Velasco

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El estilo Banville

Si lo reducimos a la anécdota, a la trama pura del relato, la novela de Banville, en este caso El mar, no nos dice nada, no va a sorprendernos. Si el tratamiento es entonces nuestro interés, allí radica el peso de su prosa y se aprecia al instante. Como los temas han sido agotados desde hace ya mucho tiempo, al volver al relato de la condena, el regreso, la recapitulación de una vida, la convalecencia por la muerte cercana, éste no puede abordarse sino desde ópticas y distancias diferentes. Eso lo distingue.

El mar es el ejemplo más vivo de una literatura que nos contará las mismas historias pero desde nuevos desconciertos o, por qué no, nuevas confusiones, desde un romántico y extraviado amor por la lengua. Se nos dice: el dolor será mayor en un relato no al enunciarse sino al recrearse, es decir, al provocarse en el lector. Para algunos resultará de mal gusto decirlo con toda claridad: El mar no es una novela sobre el dolor, sino una novela que duele.

Los calificativos a la prosa del irlandés son un síntoma. Si Banville es un “estilista del lenguaje”, como lo definió George Steiner, se concluye que, a diferencia de muchos escritores en lengua inglesa y por desgracia de otros tantos en nuestras lenguas cercanas, nos hallamos frente a un escritor con un estilo propio. Sorpresa gratificante y contemporánea. Se pondera su tratamiento del lenguaje, su meticulosidad, la paciencia de encontrar y pulir una frase auténtica y desnuda, el talento para conducir y dosificar un relato, armas y condiciones que deberían compartir, casi como un credo, los narradores que se precien.

¿Banville, por tanto, es un extraño en la prosa inglesa contemporánea? Se necesitaría conocer a cabalidad esa literatura, pero ése es el resumen de su crítica más celebrada. Ya se ha dicho, Banville se impone como un escritor con un estilo propio que sorprende y maravilla como maravillan los clásicos. ¿Cómo se distingue hoy la prosa de un escritor y otro? ¿Qué se persigue hoy que no sea una anécdota rimbombante? Frente a nosotros, la enfermedad se descubre: el estilo ha dejado de cultivarse. <

Alejandro Arteaga

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Y si…



 

Cada quien platica según le fue en la feria… Les cuento mi experiencia en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, edición 2009. Después de recorrer las concurridas avenidas de la A a la S (imposible terminar el abecedario), pasar junto a enormes edificios (editoriales descomunales) y humildes callejones de libros fantásticos, manufacturados con la técnica más antigua de impresión (Ditoria), tras gastarme más de lo debido en libros que tal vez no lea en años, me topé con otra maravilla: Y si…

No me pude resistir a hojear un libro con semejante título. Y si… es mi frase favorita: la calle cerrada  tras el cansancio de ver tantos libros se abrió de par en par, me volví niña,  no me quedé con lo aceptable. Fui hacia lo posible, hacia el absurdo; lo encontré. Y si… se tiene que ver/leer como hacen los niños: con los ojos bien abiertos. De otra forma, no es creíble lo que revela. ¿Me creerían si les digo que una niña tiene una cabellera hermosa, hermosísima, hecha de ratones? Claro que no. Tampoco que un niño marcha al cabo de una fila de elefantes, desnudo. ¿Por qué desnudo? Porque vestido no podríamos ver su rabo meneándose alegre al ritmo de sus pasos. ¿Qué tal un árbol cuyas hojas son peces? No se espanten, son verdes, peces verdes. Y no les cuento mi imagen favorita porque… ¿y si es la suya también?

Mientras hojeaba el libro, al menos dos transeúntes imitaron mi curiosidad. El título invita, la imagen de la portada nos adentra, los interiores nos atrapan. Y no hay mejor trampa que un libro así. Y si… es mi libro favorito porque me ha despertado la imaginación en lo cotidiano. ¿Y si lloviera cajeta? ¿Y si al oprimir un botón pudiéramos borrar un mal día? ¿Y si al comer zanahorias en un día triste viéramos la vida con colores más alegres? ¿Y si…? <

Lucía Bayardo

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Edificio, de Ana García Bergua


La nueva entrega de la escritora mexicana Ana García Bergua (México, DF, 1960) sorprende no sólo por haber elegido esta vez al cuento y no a la novela como plataforma, sino por la manera en que vuelve al género. Es verdad que, como dice el crítico inglés James Wood, la narrativa, a diferencia de la música o las artes visuales, sigue valiéndose de las mismas formas y convenciones utilizadas desde hace siglos. ¿De qué manera, entonces, puede abordarse un género tan viejo y de paso decir algo nuevo y trascendente en el intento? García Bergua, consciente de este reto, lo aborda con gran oficio.

Como si se tratara de la estructura de un edificio donde cada uno de sus cuentos fuera un departamento contiguo que encierra ámbitos, secretos y tramas que algunas veces se corresponden o reaparecen en otros relatos, en Edificio se asoman personajes en apariencia grises y triviales. Pero es en esta cotidianidad de la vida urbana común y sin lustre, donde Ana García Bergua sabe sumergirse para volver con varios hallazgos literarios. Atmósferas enrarecidas, asfixiantes, confinadas entre los cuatro muros de cada apartamento, donde a la tersura de la rutina le basta apenas un elemento extraño para ser trastocada, para crear una disrupción dentro de su propio sistema y generar conflictos inquietantes.

Es así que una familia de inmigrantes de Europa Central avecinados en el edificio en cuestión, una noche ofrecen una cena a un matrimonio. Un episodio banal se va tensando conforme algunos secretos de familia salen a la luz por accidente, al punto de volverse una amenaza para los visitantes, incapaces de huir ante lo estremecedor de los hábitos de sus anfitriones.

En otro relato, hallamos a un empleado mediocre al cual le han negado un ascenso luego de años de laborar en su empresa. Nada más volver a su casa, lo recibe una multitud de extraños que se desvive en aplausos y vivas durante minutos. Como si hubieran logrado su cometido, entonces la multitud de anónimos se retira y el protagonista queda tan confundido y desorientado como en un inicio.

Crear misterio a partir del silencio, del vacío; sugerir, no enunciar, es una de las armas más depuradas de la autora. Eso por no hablar de un humor muy fino y sutil pero siempre hilarante, un humor que apela a la inteligencia de los lectores, jamás a la ocurrencia ni al chascarrillo. Podría decirse que existe una edificación subyacente que da vida y dimensión a este cuadro de relatos: el mapa sensorial en la prosa de García Bergua es fundamental. Sus narradores están atentos a detalles en apariencia imperceptibles, pero se toman el tiempo y tienen la sensibilidad para percibirlos y describirlos con los sentidos bien despiertos, construir desde allí redes con el mundo y con otros seres humanos de nuestra época. Decir lo nuevo a partir de las estructuras viejas. Eso es. Como un edificio. <

Tryno Maldonado

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El poema y su peligro

Sobre Escenas sagradas de Oriente de José Eugenio Sánchez


Un poema todavía puede ser peligroso. Lo es en la medida en la que invita, reclama y conmina. ¿A qué? No importa. Lo que importa es que el poema abre y provoca una explosión. Hay poemas que permanecen encerrados en sí mismos y otros que invitan al lector a sumergirse en su vórtice. Escenas sagradas de Oriente de José Eugenio Sánchez nos arrastra en su rebeldía peligrosa. Si algo destaca de inicio en la obra de Sánchez, es el intertexto; los poemas aglutinan múltiples referencias de distinto orden: cine (el western), música (el rock), y la propia poesía (una muy acartonada y de güeva contra otra lúdica y comunitaria). La poesía, extraída de todo ámbito solemne, nos muestra la verdadera eficacia del lenguaje en la medida en la que nos reclama contestar pero, sobre todo, asumir.

En la reedición de la poesía de Sánchez encontramos una contra-poética o anti-poética que, en sus diversas expresiones, nos pedirá armar el puzzle. Encontraremos así los restos de una cotidianidad exasperada en una sintaxis llana, directa e irónica, los ecos de unas putas sumergidas en historias del Oeste, la catástrofe sutil de un suicida, una canción de Frank Sinatra susurrada por un dios. También se nos invita al collage en el apartado “Escenas sagradas de Oriente” donde un sinfín de recursos visuales se unen a la poesía para incitarnos al juego. El libro así contiene todos los elementos que hacen del poema un espacio de participación y comunión.

La interrelación de los lenguajes permite a Sánchez atender a las exigencias de un tiempo histórico habituado a la mezcla y a la conjunción de distintas herramientas tanto visuales como lingüísticas, por eso nos habla; allí nos encontramos, identificados con la nimiedad del hombre: un par de medias de seda/ que parecen ser más imprescindibles que nosotros (p. 49). Por su parte, un léxico cotidiano mezclado con referencias cultas provoca que nos sintamos relacionados con las situaciones plasmadas en el libro: aunque henri de toulouse acertó /se acabó todo su dinero/ lo abandonaron /y se olvidaron de él/ (p. 29). El sentido del humor, mezclado con cierta hondura trágica, se sitúa en un discurso anti-solemne para ser reinsertada en el espacio al que pertenece: la cotidianidad.

Publicar a un poeta como José Eugenio Sánchez es un acierto. No sólo porque su poesía se sitúa contraria a una tradición de poesía en México, sino porque estos poemas hacen de la palabra un espacio de riesgos, situado al margen de los otros discursos. ¿De cuáles? No importa, quizá tan sólo su afuera. <

Ingrid Solana

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Bolívar Echeverría, in memoriam



La universidad aún conserva a esos “grandes profesores”, los que infunden algo más que una metodología y un análisis avanzado. Los profesores que convierten la licencia de trabajo en una vocación personal y social, en un encuentro con las cuestiones decisivas de nuestro mundo. Recientemente falleció uno de ellos: el filósofo Bolívar Echeverría, de Ecuador, que dio cursos en la UNAM por más de veinte años, especializado en filosofía política, en el marxismo y la escuela de Frankfurt, en la cultura y la historia latinoamericana.

Tuve la suerte de asistir a uno de sus últimos cursos en la maestría de filosofía, uno denominado “Walter Benjamin y el Ángel de la Historia”. En él leímos cada una de las  Tesis de la filosofía de la historia, del autor judeo-alemán. Sus comentarios a las tesis revelan el fondo cultural, político, filosófico y religioso de los escuetos párrafos del documento profético para el materialismo histórico que Benjamin escribió como testamento final, y también revelaban la profunda preparación y conocimiento de nuestro maestro. Pudimos conocer su crítica al marxismo ortodoxo, su concepto dialéctico y complejo de lo que representa la cultura en las teorías revolucionarias, el papel de lo alegórico en la escritura teórica y su irrenunciable posición socialista y crítico-filosófica que aplicaba al evaluar la construcción de verdades en el discurso histórico, impidiendo que los sistemas de dominación borren las huellas de la injusticia y el desamparo.

Bolívar escribió sobre el marxismo desde su condición latinoamericana, en obras tales como El discurso crítico de Marx (1986) yCirculación capitalista y reproducción de la riqueza social. Apunte crítico sobre los esquemas de K. Marx (1994). Trabajó un concepto cultural como el barroco categorizándolo como un ethos esencial y distinto a los otros ethos eurocéntricos de la modernidad, e infundiéndole una capacidad de resistencia al capitalismo dominador para nuestras culturas latinoamericanas enLa modernidad de lo barroco (1998). Su libro Definición de la Cultura (2001) entra en la discusión de lo que debe entenderse por cultura y el papel que juega en la conformación de las capacidades económicas y liberalizadoras de las sociedades. En Vuelta de Siglo (2006) examina los temas trascendentales del siglo XX, la era de la información, la huella de Octavio Paz, nuestro barroquismo, la izquierda de hoy, etc. Sus libros son puertas privilegiadas para apreciar el compromiso intelectual de un gran investigador, escritor y profesor formado en un marxismo propositivo. <

Pablo Domínguez Galbraith

Foto: Tomada de Íconos/ Revista de Ciencias Sociales.

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Sombra de Pierre Michon



No es difícil comprender que, en ciertas épocas —sobre todo en los tiempos que corren—, recae en unos cuantos escritores el peso de toda una literatura. Hoy, porque también tiene portavoces, la literatura habla desde los textos de un francés que rehuye los escaparates: Pierre Michon. Un nombre que debe escribirse aparte y no tomarse a la ligera. Su incursión en las letras es una historia que podría contar él mismo y en cierto sentido lo intenta. Un oculto inventor de libros secretos en los que la literatura se sostiene para preservar un tiempo más su llama moribunda. Un escritor cuya vida insignificante sólo debe referirse como si de un gran personaje se hablara. Y allí ha encontrado el anchuroso cauce de su trama: desde la grandilocuencia y el cuidado de los relatos más puntuales, y desde la imaginación y lo potencial —nos comprueba—, es posible elaborar impecables y fulminantes biografías de lo mínimo.

Este espacio no alcanza más que para subrayar un asombro.

La aparición de un texto hoy casi mítico, Vidas minúsculas, supuso el primer impulso de construir una de las más cuidadas autobiografías desde la periferia. Y pronto vino un caudal. En Rimbaud el hijo, el escriba escudriña la vida como obra de arte; enSeñores y sirvientes, planta una duda en la belleza de lo perceptible; en Cuerpos del rey, grafica desde el ensayo el trazo de su estirpe literaria; en Mitologías de invierno. El emperador de Occidente, narra el origen de un mundo, y a su modo, la historia misma de los orígenes.

Nada de lo que se diga aquí o donde sea puede abarcarlo, sólo su lectura.

“¿Qué es lo que hace que la literatura se reanude sin fin?”, se pregunta el narrador en las últimas líneas de Rimbaud el hijo. Al parecer, Michon ha ensayado con seriedad una respuesta en sus propios textos, pues la sutil maquinaria de la lengua se activa en ellos. Y, así, las preguntas llegan como campanadas.

¿Quién puede ser? ¿De dónde podría venir? ¿Cuánto tiempo pasará antes de que la literatura se reanude luego del paso de Pierre Michon? Lo dijimos arriba, hoy la única esperanza verdadera está en su pluma. No tenemos más. Encendamos lo que haya que encender —o incendiar— en honor a sus letras. <

Alejandro Arteaga


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ARTES VISUALES

La catástrofe en cámara lenta



Los primeros días de septiembre, Alfonso Morales presentó Poca luz, editado por RM, del escritor y fotógrafo Iván Alechine. Este libro –inclasificable, como fue clasificado por Morales– puede ser entendido como un diario, vasto y diverso, de un viajero. Poca luz reúne testimonios fotográficos, y conversaciones breves que el autor sostuvo en sus viajes por todo México. La catástrofe, aseguró el escritor y museógrafo afincado en la Ciudad de México, es el hilo conductor que trazó el camino de este proyecto. Este concepto, por supuesto, transita entre acepciones políticas pero también poéticas. “Puede ser que mi idea de catástrofe es ‘holandesa'[…] No crash, ningún hueso aplastado sobre el suelo, ni tampoco humo disipándose. No el efecto de una granada. Un tiempo de impacto más largo. Fotografío –escribe Alechine– la catástrofe ‘en cámara lenta’”. Entonces, el autor belga se despega de la idea de catástrofe como espectáculo. Se refiere a otras catátrofes, a territorios que se van erosionado y deteriorando por el paso del tiempo.

–Saúl Hernández

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Pierre Soulages en México


Los elogios se multiplican: el principal pintor francés vivo, el maestro de la abstracción, etcétera. Ciertamente, Soulages (1919) es uno de los artistas actuales más destacados. Una retrospectiva de primer orden del pintor del negro y de la luz pudo ser visitada en el Museo de la Ciudad de México hasta agosto pasado. Más de cien piezas, exhibidas de forma cronológica, permitieron a los espectadores conocer sustancialmente su obra y trayectoria. Proveniente de la gran retrospectiva que el Centro Pompidou le dedicó hasta marzo de 2009, esta muestra permitió explorar todas las etapas de su creación. Destacaron las piezas de los últimos 30 años, en donde los protagonistas son el negro absoluto y los reflejos de la luz en la superfice estriada de la tela en negro. Su etapa Noir Lumière (Negro Luz) u Outrenoir (Ultranegro). Es aquí donde la exposición despliega su poder. En la última parte del recorrido, se instalaron grandes polípticos recientes suspendidos en el aire, una concepción de la obra que permite apreciarla como un objeto en la realidad tridimensional. “Me gusta la autoridad del negro, es un color inflexible. Un color violento pero que anima la introspección. Es un color y el no color. Cunado la luz se refleja sobre el negro, se trasnforma y lo transmuta.” Pierre Soulages es referencia clave de la historia de la pintura contemporánea. El Museo de Arte Moderno de Nueva York, el Centro Pompidou de París y el Tate Modern de Londres albergan piezas suyas. Esta exposición fue curada por Pierre Encrevé y Alfred Pacquement y la museografía del arquitecto Mauricio Rocha.

–Juan Pablo Ruiz Núñez

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Brian Eno en el Museo Anahuacalli


Apreciamos sólo un trozo de las infinitas variaciones visuales de 77 millones de pinturas, instalación audiovisual del artista poliédrico Brian Eno. Montada en la planta alta del Museo Anahuacalli, se trata de un rehilete de pantallas de alta definición que proyectaban aleatoriamente centenares de obras plásticas del también músico británico (fotografía intervenida, óleos, dibujos, gráfica). En completa oscuridad se sucedían combinaciones, múltiples y multiplicantes, de imágenes marcadas por un patrón de computadora. Del lado derecho de las pantallas dos terrones de arena se iluminaban intermitentemente con variaciones cromáticas,  sin una clara relación con las pantallas. Y la música de Eno, una de sus piezas ambientales envolviendo con precisión el conjunto. Como obra, concepto y contexto logró su cometido.

Miembro de la mítica Roxy Music, creador de joyas como Music for AirportsAnother Green World, Brian Eno también es conocido como productor de grupos de rock (desde Talking Heads a James,  U2  y Coldplay) y cómplice de prodigios como David Bowie, David Byrne, Harold Budd, Robert Fripp, Robin Guthrie, entre otros. <

Pablo Montes Mares

Foto: Juan Pablo Ruiz Núñez

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Coso de reposo


 

Coso, dice el diccionario, es una “plaza, sitio o lugar cercado, donde se corren y lidian toros y se celebran otras fiestas públicas.” Sí, Coso de reposo parece un palenque, una plaza o un lugar cercado, pero en realidad es algo opuesto.

Coso de reposo, la instalación de Isaac Broid, Mauricio Rocha y Jorge Covarrubias que actualmente habita el patio norte del Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca (MACO), señala el proceso de restauración del edificio, y el papel del museo contemporáneo. Éste es, o debe ser, un dispositivo para generar ideas. Ya no un mero recipiente. Mucho menos un pedestal blanco.

A diferencia de otras propuestas del programa Cubo Abierto, Coso de reposo, estructura arquitectónica creada a partir de polines y otros materiales reutilizados, se despega de los muros. Señala, de alguna manera, el vacío, los juegos de luz y sombra que suceden entre la madera. El ocio. También el juego. El carácter lúdico de la estructura que puede ser escalada y utilizada precisamente, como sugiere el título, para reposar y aislarse de la dinámica de la ciudad de Oaxaca. Coso de reposo es, sin lugar a dudas, una instalación bien lograda.

Siguiendo las propuestas de Cubo Abierto es posible distinguir distintas etapas en la restauración del museo y, también, etapas de los procesos sociales de la capital oaxaqueña. Mientras Francisco Ugarte (primera intervención del programa) señaló los muros del patio, blancos y perfectos en apariencia, sólo en apariencia, Broid, Rocha y Covarrubias señalan los deshechos de la obra, las marchas, los plantones, la violencia, las próximas e inevitables elecciones y, probablemente, la incertidumbre por el camino que zanjara el próximo director del MACO.

Mención aparte merece Cubo Abierto, el programa e iniciativa de Carlos Ashida, ex director del museo, pues, a pesar de las obras a las que el inmueble está sujeto, tal institución ha provocado la convivencia entre disciplinas (artes visuales y arquitectura), discusiones y reflexiones sobre las formas de concebir y habitar el espacio y, por si fuera poco, sobre la función del museo. <

Saúl Hernández

Foto: Juan Pablo Ruiz Núñez

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Trazos íntimos de Rodolfo Nieto


Del 17 de julio al 12 de septiembre, el Museo de los Pintores Oaxaqueños expone en todas sus salas la muestra gráfica Trazos íntimos de Rodolfo Nieto. Y en mucho, el título se transporta casi transparente a la exhibición. Aún cuando la propuesta museográfica en algunos momentos desplaza al discurso curatorial por rumbos distraídos, los diez apartados temáticos que se construyen con las 168 piezas realizadas por Nieto se pueden leer como el trazado general o los vestigios –más o menos organizados y limpios– de lo que fue el abrasador laberinto que consumió sus días. Se pueden discernir algunos pasillos, se adivinan umbrales y calles sin salida, pero también estancias domésticas y paseos iluminados, todas recreaciones de ámbitos íntimos que fueron fijados a veces con una destreza ejemplar en la ejecución y otras, sometidas por un evidente peso de trastorno.

Se extrañan –como siempre–, muchas de las páginas de la ahora mítica carpeta donde registró en el 67 sus frecuentes visitas al zoológico de Basilea. En cambio, se nos presenta una vastísima legión de gatos que se alinean e inundan la sala más grande del museo. Encontramos también estudios y proyectos iconográficos que se concretaron después en óleo, como los que comprenden las series Negra manila y Gouache color. Algunos retratos y escenas alegóricas, estas últimas, por ejemplo, conforman una de las vetas menos estudiadas de la obra que realizó el artista oaxaqueño, pero que por su composición narrativa nos pueden perfilar con mayor nitidez la contemporaneidad de su visión social.

No faltan sus experimentos hipnóticos envueltos en un aura esquizoide, desde la Zoología mental hasta trabajos con espirógrafos, este instrumento que está a caballo entre juego infantil y diseño de topografías matemáticas. Rodolfo Nieto debe ser uno de los pintores oaxaqueños que es necesario reinsertar en la memoria. <

Efraín Velasco Sosa

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El cártel de los bastardos culturales: taller & performance de La Pocha Nostra


 

El impulso original de los artistas que trabajan desde los márgenes es la construcción de un espacio que consiente un activismo de resistencia cultural y afirmación identitaria. Así La Pocha Nostra.

“En spanglish, La Pocha Nostra se traduce o bien como ‘nuestras impurezas’, o como ‘el cártel de los bastardos culturales’. Esta ambigüedad poética –dice Guillermo Gómez Peña– resulta muy apropiada pues expresa [su] postura frente al arte [la sociedad y la cultura]. Cross-racial, poly-gendered, experi-mental…”

La propuesta pedagógica de La Pocha Nostra es una de las columnas más importantes de la arquitectura del colectivo. Esta propuesta es familiar de aquellos modelos que ponderan al individuo, y no la perpetración de sistemas verticales y hegemónicos. Su pedagogía –“viva y caníbal”– ofrece líneas de cruce entre disciplinas y relaciones más equitativas. Busca, además, descolonizar el cuerpo, reapropiarlo intelectualmente, resignificarlo, y convertirlo en un espacio de reinvención permanente de la identidad, pues, como se sabe, la sociedad ha olvidado que el cuerpo es un espacio culturalmente construido, disciplinado y castigado: desde el corte de cabello hasta nuestros ideales de belleza.

Tras dos semanas de taller y trabajo con artistas de diversas nacionalidades, discursos, lenguajes y soportes, el viernes 13 de agosto, La Pocha Nostra, en colaboración con La Perrera, presentó un performance en el Museo del Ferrocarril Mexicano. Primero ocupó los andenes, las vías y lo que queda de los vagones. Y más tarde ocupó una de las bodegas. Adentro, el espacio fue “dividido” en cuatro. Las imágenes y acciones que en aquel museo sucedieron –desde los cuerpos batiéndose en un duelo hasta el personaje que izó una bandera norteamericana– giraron alrededor del poder, el sexo y la violencia.

Si bien no deja de resultar sorprendente la energía allí contenida, molesta la obviedad de algunos símbolos, la saturación y  reiteración de éstos. Por lo demás, siempre es recomendable atender a La Pocha Nostra y cuestionar, desde el otro lado, nuestros límites autoimpuestos. <

Saúl Hernández

Foto: Gabriela León

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Nunik Sauret: El elogio de la sombra



Nunik Sauret retoma el título del ensayo del célebre escritor Junichiro Tanizaki, El elogio de la sombra, para la exposición que presenta actualmente en el IAGO. Hechas con técnicas clásicas de estampa japonesa, las piezas construyen un pequeño ensayo visual con un montaje que nos recuerda al gabinete, tan usado en el siglo XVIII , para mostrar grabados entre amigos íntimos o cómplices de vicios privados. Sauret, sin embargo, pretende rendir homenaje a la tradición gráfica y usó este display para que nosotros hagamos una pequeña reverencia ante cada imagen. Inmersa en la tradición japonesa nos obliga a honrar a los materiales como parte esencial de cada pieza.

La última sala es una pequeña instalación, donde colocó un banco de lectura sobre un jardín con cierto aire zen. Tres pendones estampados con pájaros y tres pedazos de madera repiten el motivo impreso del banco-cama. Para Sauret es un espacio íntimo que permite “una espesura en el silencio” –citando a Tanizaki– y las maderas en el piso –nos dice la artista– “simbolizan el despertar de la madera, desplegando una manifestación de vida en su reproducción en diferentes materiales, lo que se transforma en una piel preparada para ser escrita o dictar su propio silencio” . No me queda claro el sentido de esta sala, debido quizá a mi ignorancia con los usos simbólicos de los objetos y la mística de los materiales según la usanza japonesa. Para mí tiene que ver con el mundo imaginario que se produce en el sueño y las ensoñaciones que provoca la noche, o el crepúsculo. Sé que el silencio es importante en la cultura japonesa y Tanizaki hace un homenaje a un mundo mas sentido que visto, donde no todas las preguntas necesitan una respuesta.

En su ensayo, el autor hace una distinción sobre el mundo solar occidental donde el espejo es central, comparándolo con la mística japonesa que prefiere las sombras, la plata no bruñida, los cuencos oscuros que no nos dejan ver lo que comemos. En las piezas de Sauret esa oscuridad está instalada dentro de un cuerpo que aparece apenas esbozado y que la artista se empeña en repetir, por lo que sabemos que algo está a punto de ocurrir.

En toda la obra de Sauret se advierte la preocupación por describir esos paisajes internos como maneras de entender la experiencia del cuerpo. De manera suave, misteriosa, ha procurado invocar sensualidad y gozo que se deja , más que mirar, adivinar. La madera y el pájaro son evocaciones de un juego se sombras y transparencias, pero mientras que para Sauret es un juego con el silencio, para mí tiene algo de pensamiento premonitorio. La sombra del pájaro se asoma como una voz lejana que advierte sobre una fractura en esta unidad que apenas conocemos.

La obra engaña en su silencio, en su esteticismo y destreza técnica. Hay una amenaza latente, insinuada. No es como nos dice Tanizaki sobre esa mirada que acepta la oscuridad, tampoco es el deleite de lo imaginado: es la sombra jungiana que nos advierte sobre nosotros mismos, mirándonos como si fuéramos otro, sombra proyectada en los grabados. Los fantasmas proliferan entre una y otra estampa. Y los títulos que Sauret escogió para nombrar cada lámina de este libro de sombras funcionan como acertijos: no nos dicen de dónde provienen ni lo que significan. Juego de sombras, juego de palabras, un homenaje al momento antes de entrar a la noche: pequeño jardín secreto. <

Magali Lara

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CINE

Hairspray de John Waters

 

Hay cineastas que viven para la crítica, los festivales y los premios, hay otro tipo de cineastas que se dejan llevar por un delirio creativo, que no corresponde a fórmulas o convencionalismos estéticos; a estos últimos pertenece el estadounidense John Waters, nacido en un suburbio de Baltimore y nutrido desde niño con lo peor de los filmes de serie B, y en general con lo más exquisito de la cultura basura americana.

Expulsado de la Universidad de Nueva York por fumar mariguana, Waters (1946) siguió una carrera sumergido en el ambiente underground, produciendo películas irreverentes que desafiaban a una sociedad adormecida por el convencionalismo y los prejuicios, con la ayuda de una troupe de amigos –actores emergidos de la ciudad de Baltimore. El cineasta catalogado como El Rey del cine Basura realizó filmes que desafiaban la estética del buen gusto y el cine de estrellas y gran presupuesto; lo acompañó en los primeros años de esta aventura Glen Milstead, amigo de infancia, homosexual y travesti, que se convertiría en la diva y actor fetiche del realizador: Divine.

Este mes, El Pochote exhuma uno de los clásicos de este realizador decisivo para la cultura contemporánea. Sus películas esperpénticas y valientes fueron un caballo de Troya dentro de la sociedad norteamericana, haciendo que el cine underground se convirtiera en artículo de consumo para el gran público, y estableció al personaje Divine como un icono de la cultura marginal pero pieza clave para entender la modernidad.

Hairspray (Laca para pelo), segundo filme de gran presupuesto de Waters, pertenece al periodo posterior a sus películas más militantes y de bajo presupuesto, como Pink Flamingos, Female Trouble o Multiple Maniacs. No obstante, este extravagante musical conserva toda la esencia de la estética del autor y sin duda es uno de sus trabajos más memorables.

De nuevo, en esta historia, los outsiders, los marginados, luchan contra la gente bonita, con las únicas armas de su autentico mal gusto, sus buenos sentimientos y sus peinados escandalosos y, desde luego, los estrafalarios pasos de baile el matacucarachas. En Hairspray, el cineasta de la basura habla de un Estados Unidos de post-guerra, arrastrando el racismo y el clasismo. La protagonista, una sexy gordita interpretada por Ricki Lake, desafía los prejuicios, los juniors provincianos, y a una sociedad que, en general, vive satisfecha en el paroxismo de la mediocridad, para finalmente triunfar sobre los asfixiantes complejos de la clase media.

–Luis Urrutia

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5 comentarios to “RESEÑAS”

  1. El Jolgorio Cultural 5 mayo 2011 a 12:10 #

    Hola!
    Marcus Winter colaboró en el número 35 de la revista (marzo 2011) con el artículo “Cazadores pleistocénicos en Oaxaca”, en el número de este mes también participa con una colaboración.

    Si requieres el artículo (sea digital o impreso) por favor solicítalo al mail info.jolgorio@yahoo.com
    Cordial saludo!

  2. Vicky 4 mayo 2011 a 18:37 #

    HOLA ME PARECE UNA BUENA PROPUESTA PARA DIFUNDIR LOS TRABAJOS DE DISTINTAS DISCIPLINAS EN OAXACA, PERO ANDO BUSCANDO UN ARTICULO QUE SACO JOLGORIO DE MARCUS WINTER LES AGRADECERIA MUCHO ME MANDARAN EL ENLACE PARA REVISARLO MUCHAS GRACIAS:)

  3. Manuel Esparza 12 enero 2011 a 17:59 #

    Apabuyante la información y muy fácil de seguir. Adelante !

    Ahora me metí a blogear, por si algún ocioso quiere hurgar aquí está: http://dialogos de soledad.blogspot.com

    Manuel

  4. Lunia Petronis 4 octubre 2010 a 7:06 #

    Felicidades

  5. Jorge Tasho 4 octubre 2010 a 7:05 #

    Los felicitamos, nos pareció muy interesante lo que presentan y nos gustaría recibir mas información.

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